Miel
¿La miel se vence?
No, y es de los poquísimos alimentos de los que se puede decir eso.
En tumbas egipcias de hace más de tres mil años se han encontrado tarros de miel todavía comestible. Ese frasco que lleva dos años abandonado en su cocina está perfectamente bien.
Por qué la miel no se daña
Un alimento se daña cuando algo crece dentro de él: bacterias, hongos, levaduras. En la miel casi nada logra crecer, y por tres razones que actúan al tiempo.
- Tiene muy poca agua. Alrededor del 17 % de su peso. Un microorganismo que cae ahí se deshidrata, porque la miel le saca el agua en vez de dársela.
- Es ácida. Su pH ronda el 3,9, más ácido que el del tomate. La mayoría de las bacterias no soportan ese medio.
- Produce su propio antiséptico. Las abejas le añaden una enzima, la glucosa oxidasa, que libera peróxido de hidrógeno de forma lenta y sostenida.
Es la misma combinación por la que se usó durante siglos sobre heridas y quemaduras, mucho antes de que existieran los antibióticos.
La miel no se conserva porque le agreguen algo. Se conserva por cómo está hecha, y ese es justamente el trabajo de las abejas: deshidratan el néctar batiendo las alas hasta dejarlo en el punto exacto en que ya nada puede pudrirlo.
Entonces por qué el frasco trae fecha de vencimiento
Porque la ley lo exige. Todo alimento envasado tiene que llevar una fecha, sin excepciones, y la miel no se salva de la norma.
Lo que esa fecha indica en la práctica es hasta cuándo el productor garantiza que la miel conserva sus mejores características: el aroma, el color, las enzimas. Pasada esa fecha la miel sigue siendo perfectamente apta, aunque con los años pierda algo de aroma y se oscurezca un poco.
Nuestra miel de abejas milflores lleva su fecha por la misma razón. Si quieres saber de qué cosecha salió tu frasco, escríbenos: la envasamos en lotes pequeños y lo tenemos anotado.
Dónde guardarla
Es más simple de lo que parece.
- En su frasco, bien tapado. La miel absorbe la humedad del aire, y ese es el único camino por el que se puede echar a perder.
- En un lugar fresco y seco. La alacena de la cocina sirve, siempre que no esté encima de la estufa ni al lado del horno.
- Lejos del sol. La luz directa degrada el aroma y oscurece la miel con el tiempo.
- Sin nevera. No la necesita, y el frío solo hace que se cristalice más rápido.
Si su miel se puso dura, no le pasó nada: explicamos por qué se cristaliza y cómo devolverla al estado líquido sin dañarla.
Las cuatro cosas que sí la arruinan
La miel se defiende sola, pero hay maneras de estropearla.
- La humedad. Es la única que de verdad la daña. Si entra agua al frasco, la miel se diluye lo suficiente para que las levaduras despierten y empiece a fermentar. Ahí huele agrio o a alcohol, hace burbujas y a veces empuja la tapa.
- La cuchara mojada. Es la forma más común de que eso pase. Use siempre una cuchara seca y limpia.
- El calor fuerte. No la pudre, pero le destruye las enzimas y el aroma. Por eso nunca al microondas ni con agua hirviendo.
- El sol directo. Un frasco en la ventana pierde calidad en meses.
Fíjese en el patrón: todas son cosas que le hacemos nosotros. La miel dejada en paz dura años.
Lo que sí cambia con el tiempo
Que no se dañe no significa que se quede idéntica.
Con los años la miel se oscurece, pierde parte del aroma y baja su contenido de enzimas. Y va a cristalizarse, más rápido o más lento según las flores de las que vino y la temperatura donde esté.
Nada de eso la vuelve inservible. Solo significa que una miel de este año sabe mejor que una de hace cinco, y es la razón por la que vendemos por cosecha y no acumulamos inventario.
Cómo saber si la suya está bien
Ábrala y huélala. Si huele a miel, está bien. Si huele agrio, a alcohol o a fermento, y además hace burbujas, esa sí se fermentó.
Que esté dura, granulada o con manchas blancas en el vidrio no es señal de nada malo. Al contrario, suele indicar que es cruda.
Si quiere revisar el frasco que tiene en la cocina, armamos un test de siete preguntas, y escribimos aparte sobre cómo saber si la miel es pura.
Miel de la cosecha de este año
Miel de abejas milflores cruda, extraída en frío, de apiarios dentro de una reserva natural de 250 hectáreas. Con su lote y su cosecha.
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