Ganadería
Cómo preparar una finca ganadera para la sequía y el calor de El Niño
El fenómeno de El Niño 2026 ya está presente en Colombia y continúa fortaleciéndose. El IDEAM señala que las condiciones de El Niño persisten tanto en el océano Pacífico como en la atmósfera y estima una probabilidad superior al 90 % de que el evento alcance una intensidad muy fuerte durante el último trimestre de 2026 y comienzos de 2027.
Para quienes trabajamos en el campo, estos pronósticos se convierten rápidamente en preguntas concretas: ¿habrá suficiente agua?, ¿cómo responderán los animales al calor?, ¿tendremos suficiente alimento?, ¿cómo podemos mantener la producción si las condiciones se vuelven más difíciles?
En Los Chagualos nos hacemos esas preguntas desde dos lugares que para nosotros son inseparables: el conocimiento y la experiencia en campo. Nuestra formación nos permite estudiar cómo funcionan el clima, los suelos, los animales y los ecosistemas, pero es el trabajo diario en la finca el que nos permite observar cómo esos procesos se manifiestan realmente en nuestro territorio.
El Niño y la ganadería: ¿qué debemos tener en cuenta?
El calor y la falta de agua pueden generar estrés térmico en el ganado. Cuando las temperaturas aumentan, los animales pueden modificar su comportamiento, buscar más sombra, aumentar su consumo de agua y reducir el consumo de alimento. Si estas condiciones se mantienen, pueden terminar afectando el bienestar y la productividad.
Por eso, prepararse para El Niño en una finca ganadera no consiste solamente en esperar a que llegue la sequía. Consiste en anticiparse.
Anticiparse empieza por dos cosas: el agua, porque hay que saber cuánto tiempo aguantaría el suministro si la sequía se alarga, y la sombra, que en un sistema silvopastoril ya está sembrada en el potrero. De ahí en adelante, todo es observar y ajustar. Así lo hacemos nosotros.
Qué revisamos en la finca cuando llega el calor
Esto es lo que hacemos nosotros. No es una receta que sirva igual en cualquier finca, porque cada territorio tiene su clima, su agua y su ganado, pero sí es el orden en el que miramos las cosas cuando se viene un verano fuerte.
1. El agua, antes que nada
Empezamos por el agua, porque durante el verano no podemos darnos el lujo de descubrir una falla cuando el ganado ya tiene sed. Revisamos los bebederos de manera frecuente para asegurarnos de que no tengan fugas y de que el agua esté llegando con buena presión, porque un bebedero que se llena despacio no se alcanza a reponer cuando el lote entero llega a tomar. También comprobamos que estén limpios, porque no basta con que haya agua: necesitamos que los animales tengan acceso a un agua en buenas condiciones. Durante los períodos de mayor calor prestamos especial atención a estos puntos, porque una falla en el suministro puede convertirse rápidamente en un problema para el ganado.
2. Los potreros con más sombra, de primeros
Miramos los potreros de otra manera cuando llega el calor. No todos ofrecen las mismas condiciones, y por eso damos prioridad a aquellos que cuentan con mayor disponibilidad de sombra. Los árboles cumplen un papel importante para que los animales puedan protegerse de la radiación y buscar un lugar más fresco durante las horas de mayor temperatura. Para nosotros, la sombra no es simplemente un elemento del paisaje: hace parte de las condiciones que tenemos en cuenta al decidir dónde estarán los animales.
3. No mover el ganado en las horas más calientes
También cuidamos cuándo movemos el ganado. Durante las horas más calientes evitamos moverlo innecesariamente. Sabemos por experiencia que trasladar los animales bajo temperaturas altas significa exigirles un esfuerzo adicional precisamente cuando ya están tratando de lidiar con el calor. Por eso buscamos hacer los movimientos en momentos más adecuados y evitar sumar actividad física al estrés térmico.
4. La rotación deja de ser un calendario
En verano no manejamos la rotación como si fuera un calendario que hay que cumplir a cualquier precio. Observamos cómo está respondiendo cada potrero y, a partir de eso, hacemos ajustes. Si vemos que el pasto no está creciendo lo suficiente o que la disponibilidad empieza a disminuir, modificamos la rotación. El objetivo es no llevar al ganado a un potrero simplemente porque «ya le corresponde», sino porque las condiciones del potrero realmente permiten hacerlo.
5. Mirar cómo quedó el potrero después del pastoreo
Después de que el ganado sale de un potrero, volvemos a mirar cómo quedó. Esta observación es especialmente importante en época seca. Si encontramos que el pasto quedó muy afectado después del pastoreo, no seguimos automáticamente con el mismo ciclo: aumentamos los días de descanso para darle más tiempo de recuperación. Es una forma de reconocer que la finca cambia con las condiciones climáticas y que el manejo también tiene que cambiar.
6. El forraje y el silo
La alimentación también forma parte de nuestra preparación. Contamos con silo que utilizamos para el ordeño, y durante el verano estamos atentos a cómo evoluciona la disponibilidad de pasto. Más que asumir que siempre tendremos la misma cantidad de forraje, observamos qué está ocurriendo en cada potrero y ajustamos el manejo cuando vemos que la oferta empieza a disminuir. La experiencia nos ha enseñado que conservar el recurso forrajero es tan importante como aprovecharlo.
7. Observar a cada vaca, no solo al lote
No todos los animales responden igual al calor. Cuando las temperaturas aumentan prestamos atención a los cambios en el comportamiento. Una vaca que jadea, respira más rápido de lo habitual, busca insistentemente la sombra, permanece de pie durante períodos prolongados, disminuye su consumo de alimento o presenta una caída en su producción puede estar mostrando señales de estrés térmico. No esperamos solamente a que el problema sea evidente: tratamos de identificar esos cambios y actuar sobre ellos.
8. Apartar a la vaca que lo necesita
Si identificamos una vaca que está presentando signos de estrés por calor y, además, observamos que su producción de leche está por debajo de lo que normalmente esperamos de ella, la apartamos del grupo. La llevamos al establo y durante ese día le proporcionamos allí su alimentación mientras se recupera. De esta manera podemos observarla con mayor atención y darle un manejo individual en lugar de dejar que siga enfrentando las mismas condiciones del grupo.
9. Revisar los datos, no solo lo que vemos
No nos quedamos solamente con lo que vemos: también revisamos los datos. Contamos con un software que nos permite hacer seguimiento de la producción. Revisamos el promedio de producción por vaca para saber cómo está respondiendo el sistema en general, pero también podemos ir al detalle y observar cada animal. Esto nos permite identificar casos que se alejan de su comportamiento habitual y buscar si existe algún problema que requiera atención.
Prepararse para el verano, al final, es estar atentos y ajustar el manejo. No tenemos una única práctica que resuelva el problema: la preparación está en muchas decisiones pequeñas, y en la disposición a cambiarlas cuando el potrero o el animal nos dicen otra cosa.
La teoría nos ayuda a entender por qué el calor afecta al ganado, al agua, al pasto y a la producción. La observación diaria es la que nos permite decidir cuándo hay que cambiar algo en el manejo.
El suelo también se prepara para la sequía
La relación entre suelo, agua y cambio climático es otra de las razones por las que hemos trabajado durante años en prácticas regenerativas.
Un suelo con buena cobertura y materia orgánica tiene condiciones diferentes a uno desnudo y degradado. No podemos crear agua cuando no llueve, pero sí podemos trabajar para que el suelo aproveche y conserve mejor la humedad disponible.
Lo mismo ocurre con el forraje. La planificación debe comenzar antes de que el pasto escasee. Manejar adecuadamente los potreros, revisar la carga animal y contar con alternativas de alimentación permite reducir la presión sobre el sistema durante una temporada seca.
Estas decisiones pueden parecer independientes, pero en realidad forman parte de una misma estrategia: hacer que la finca sea menos vulnerable a las variaciones del clima.
¿Qué estamos viendo en Los Chagualos?
Durante este El Niño 2026 también hemos sentido el aumento de las temperaturas y las condiciones de estrés hídrico. No estamos aislados de lo que ocurre en el país.
Sin embargo, hay una observación que nos resulta especialmente interesante: a pesar del calor y del estrés hídrico, el promedio de producción por vaca se ha mantenido relativamente estable.
No lo presentamos como prueba de que nuestro sistema sea inmune al clima, porque no lo es, ni se lo atribuimos a una sola práctica. Creemos que refleja años de trabajo sobre varios frentes a la vez: árboles, sombra, suelo, agua, pasturas, animales y manejo.
Tampoco quiere decir que el calor no tenga efectos. Un promedio estable puede esconder vacas que sí la están pasando mal, y por eso seguimos mirando caso por caso.
Soluciones basadas en la naturaleza
Hay un nombre para esta forma de trabajar: soluciones basadas en la naturaleza. Son las acciones que protegen, manejan o restauran los ecosistemas para responder a un problema concreto —en este caso el calor y la falta de agua— y que, al mismo tiempo, benefician a la biodiversidad y a quienes viven del territorio.
Dicho así suena abstracto, pero en una finca es bastante concreto. Un árbol de sombra en el potrero es infraestructura para enfriar al ganado, y a la vez es hábitat, forraje y floración para los polinizadores. Un suelo cubierto retiene humedad, y a la vez sostiene la vida que lo hace fértil. El bosque que cuidamos en las partes altas protege los nacimientos de agua que después llegan a los bebederos.
La diferencia con una solución convencional está en lo que hace cada inversión. Un techo artificial da sombra y nada más; el día que se dañe hay que volver a comprarlo. Un árbol da sombra y además crece, se reproduce y hace otras cosas al mismo tiempo. No siempre es la opción más rápida —un árbol tarda años en dar sombra útil— pero suele ser la que resuelve varios problemas con la misma decisión.
Por eso conservar no es, aquí, una actividad separada de producir. Buena parte de lo que hoy nos ayuda a sostener la producción durante El Niño son cosas que sembramos o dejamos en pie hace años, cuando la razón para hacerlo era ambiental.
La ganadería regenerativa como adaptación al cambio climático
Cuando hablamos de ganadería regenerativa en Colombia, muchas veces la conversación se concentra en recuperar los suelos, aumentar la biodiversidad o reducir el impacto ambiental de la producción. Todo eso es importante, pero hay otra dimensión que cada vez cobra más relevancia: la capacidad de adaptación.
Una finca con árboles, suelos protegidos, fuentes de agua cuidadas, disponibilidad de forraje y animales manejados de acuerdo con las condiciones del territorio tiene más herramientas para enfrentar períodos de calor y sequía.
Una finca regenerativa igual sufre los efectos de El Niño. Lo que cambia es con cuánto margen los enfrenta y qué tan rápido se recupera.
Prepararse antes de que llegue el próximo período seco
El Niño 2026 nos recuerda que la adaptación al cambio climático no empieza cuando aparece una emergencia. Empieza mucho antes, cuando todavía tenemos tiempo para mejorar nuestros suelos, proteger el agua, conservar los árboles, planificar el alimento y aprender a observar mejor a nuestros animales.
No podemos controlar el clima ni decidir cuándo llegará el próximo fenómeno de El Niño. Pero sí podemos decidir qué tipo de finca queremos construir para enfrentarlo.
En Los Chagualos, esa preparación ha sido un proceso de muchos años. Hoy estamos comprobando que conservar el territorio y producir de una manera más integrada con los procesos naturales no solamente tiene sentido ambiental. También puede ser una forma de prepararnos para un clima cada vez más variable.
La adaptación al cambio climático se construye en el campo, mucho antes de que llegue la próxima sequía.
Preguntas frecuentes
¿Cómo sé si una vaca tiene estrés térmico?
Jadea, respira más rápido de lo normal, se queda de pie mucho tiempo, no se despega de la sombra, come menos o baja la producción. Como no todas las vacas responden igual, la señal útil no es compararla con el lote sino con ella misma: lo que cuenta es que se salga de su comportamiento habitual.
¿Qué hacer con una vaca que muestra estrés por calor?
La apartamos del grupo cuando, además de las señales, su producción está por debajo de lo que esperamos de ella. Pasa el día en el establo, con su alimentación allí, donde podemos observarla de cerca en vez de dejarla en las mismas condiciones que la afectaron.
¿Se puede mover el ganado en las horas de más calor?
Nosotros procuramos no hacerlo. Caminar bajo el sol del mediodía le suma un esfuerzo al animal justo cuando ya está gastando energía en refrescarse, así que los traslados que no son urgentes los dejamos para las horas frescas.
¿Hay que mantener la rotación de potreros durante el verano?
Nosotros no la mantenemos a rajatabla. En sequía el pasto crece más despacio, así que la señal para mover el ganado deja de ser la fecha y pasa a ser el estado del potrero. Y si un lote queda muy pelado después del pastoreo, le alargamos el descanso.
¿Cada cuánto hay que revisar los bebederos en época seca?
Más seguido que en invierno, y mirando tres cosas, no una. Que no haya fugas en el camino. Que llegue con presión, porque un bebedero que se llena a gotas no alcanza a reponerse cuando el lote entero llega a tomar. Y que el agua esté limpia y en buenas condiciones: no basta con que haya, tiene que ser agua que el animal quiera tomar.
¿Por qué la sequía baja la producción de leche?
Porque la leche es sobre todo agua: cerca del 87 % de lo que sale del ordeño. Una vaca deshidratada no tiene con qué producirla — el cuerpo destina el agua a mantenerse viva antes que a llenar la ubre — y a eso se suma que con calor come menos, así que también hay menos materia prima. Por eso el agua es lo primero que revisamos: no es un detalle de bienestar, es el insumo principal.
Aprende a preparar tu finca
En el curso de ganadería regenerativa recorremos el sistema completo: la rotación de potreros, los árboles de sombra y forraje, el silo y el suelo abierto con pala para verlo por dentro.
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