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Abejas

Qué es la meliponicultura

Reserva Natural Los Chagualos · 12 de agosto de 2026 · 13 min de lectura

Abeja meliponini sin aguijón sobre el cerumen de su nido, en primer plano

Cuando alguien dice abeja, casi todos pensamos en la misma. Rayada, con aguijón, viviendo en un panal hexagonal. Esa abeja no es de aquí.

Llegó de Europa hace unos siglos y se adaptó tan bien que se quedó con la palabra. Las que sí son de este continente llevan millones de años en estos bosques, no tienen aguijón y muy poca gente sabe que existen. Se les llama abejas meliponini, y este artículo trata sobre ellas.

En resumen: la meliponicultura es la cría y el cuidado de las abejas nativas sin aguijón, que la ciencia agrupa bajo el nombre de Meliponini. La apicultura, en cambio, cría la abeja europea Apis mellifera, que sí tiene aguijón y no es de aquí.

Un oficio más viejo de lo que parece

La meliponicultura es la cría y el cuidado de las abejas nativas sin aguijón, que la ciencia agrupa bajo el nombre de Meliponini.

En América se practicaba mucho antes de que llegaran los europeos, y varias culturas del continente manejaron estas abejas durante siglos, con su miel usada tanto de alimento como de medicina. Después llegó la abeja europea, que produce muchísimo más, y la meliponicultura quedó relegada a un conocimiento de tradición que casi se pierde. En los últimos años ha vuelto con fuerza, y en Colombia más de la mitad de quienes la practican hoy empezaron hace poco.

En Colombia hay alrededor de 120 especies de abejas nativas sin aguijón, y unas 25 se manejan en meliponarios. La más conocida es la angelita, Tetragonisca angustula, esa abejita diminuta que muchos han visto sin saber que era una abeja.

En qué se diferencia de la apicultura

La confusión es entendible, porque ambos insectos son abejas y los dos dan miel. De ahí en adelante casi todo cambia.

Son insectos distintos. La apicultura trabaja con Apis mellifera, la que llegó de Europa y África. Las meliponini evolucionaron junto con las plantas de estos bosques, así que muchas flores de aquí están hechas a su medida y no a la de la otra.

El aguijón. Las meliponini lo perdieron en el camino evolutivo. No están indefensas, porque muerden, se enredan en el pelo y algunas untan resina, pero no pican. Eso cambia por completo el manejo, porque no hace falta traje, ni humo, ni distancia.

El tamaño de la familia. Una colmena de Apis puede tener cuarenta o sesenta mil obreras. Una colonia de meliponini suele tener entre unos cientos y unos pocos miles, según la especie. Son familias pequeñas.

La arquitectura. Aquí está la diferencia más bonita. Apis construye ese panal hexagonal de cera que todos conocemos y guarda la miel en las mismas celdas donde cría. Las meliponini hacen algo distinto, porque construyen con cerumen, una mezcla de cera y resina de árboles, y guardan la miel en potes ovalados parecidos a racimos de uvas, separados de la zona donde crían.

Por eso se dice miel de potes. No sale de un panal, sale de unas vasijitas de cerumen que la abeja fabricó una por una, y se cosecha pinchando cada pote y recogiendo lo que hay adentro.

La cantidad. Es la diferencia que más sorprende. Una colmena de Apis bien manejada da decenas de kilos de miel al año. Una colonia de meliponini da, según la especie, entre medio litro y unos pocos litros. Las del género Melipona están entre uno y cuatro litros al año, y una angelita puede quedarse entre quinientos mililitros y un litro.

El nido. Apis se acomoda en casi cualquier cavidad. Las meliponini anidan sobre todo en huecos de árboles vivos y viejos, y son bastante exigentes con eso. Es un detalle que parece técnico y que en realidad lo explica todo, como veremos más abajo.

Cajas del meliponario de la reserva bajo la sombra de los árboles
Las cajas del meliponario imitan el hueco de un árbol y permiten revisar la colonia sin destruir el nido.

La colonia por dentro

Abrir una caja de meliponini por primera vez desconcierta, porque uno espera un panal y encuentra otra cosa.

El nido está envuelto. Las abejas sellan la cavidad con batumen, una mezcla dura de cerumen con barro, arena y fibras vegetales, y dentro construyen el involucro, unas láminas delgadas que envuelven la zona de cría como si fueran mantas. Esa doble pared es lo que les permite mantener la temperatura y la humedad estables, y dejar afuera a las hormigas y a las moscas.

Adentro, la cría no está en un panel vertical sino en discos horizontales apilados uno encima de otro. Algunas especies los construyen en espiral, subiendo como una escalera de caracol diminuta. Alrededor, separados de la cría, están los potes de miel y polen.

Potes de cerumen con miel dentro de una colmena de meliponini, con las abejas encima
Los potes de cerumen donde guardan la miel, separados de la zona de cría. Cada uno lo construyó una abeja mezclando cera con resina de los árboles de alrededor.

Cada celda se llena una sola vez. Las obreras la aprovisionan con todo el alimento que la larva va a necesitar en su vida, la reina pone el huevo encima y la celda se sella para siempre. La cría crece sola, a oscuras. En la abeja europea es al revés, porque las obreras alimentan a la larva poco a poco durante días.

La reina es una sola y no sale nunca. Se cría en una celda más grande que las demás, casi siempre en el borde de los discos, y una vez empieza a poner se queda ahí el resto de su vida.

Y afuera están las guardianas, que son lo primero que uno nota. En la piquera siempre hay abejas de turno revisando quién entra, y en algunas especies, como la angelita, unas cuantas se quedan suspendidas en vuelo justo frente a la entrada, quietas en el aire como si flotaran. Están de portería.

La piquera misma es la firma de cada especie. Unas construyen un tubo de cerumen que sobresale, otras un embudo de barro, otras una ranura discreta. Muchas la cierran al caer la noche y la vuelven a abrir en la mañana. Con la práctica uno reconoce qué abeja vive adentro sin necesidad de abrir nada.

Por qué la miel es especial

La primera vez que alguien prueba miel de meliponini, casi nunca dice que sabe a miel.

Es más líquida que la de Apis, bastante más ácida y con un sabor que la gente describe como afrutado, cítrico o avinagrado según la especie y las flores. No es una miel para untar en el pan, es una miel de cucharadita, y tradicionalmente se ha usado más como medicina que como alimento.

Esa diferencia no es capricho ni un defecto. Tiene más agua que la miel común, alrededor de una cuarta parte de su peso, porque la abeja la deshidrata menos dentro del pote. Esa humedad hace que fermente si no se maneja bien, y por eso la miel de meliponini necesita cosecha y conservación cuidadosas, con frío en muchos casos. Una miel de meliponini que sabe exactamente igual a la del supermercado da para desconfiar.

El cerumen del pote también deja su marca. La miel toma algo de las resinas que la abeja recogió de los árboles del bosque, y esas resinas cambian según qué árboles haya alrededor. Una miel de meliponini es un retrato bastante fiel del bosque que la rodea.

Aquí no vendemos miel de meliponas. La que vendemos es de Apis, de nuestros apiarios. Las meliponini están en la reserva por otra razón, y es que sin ellas el bosque funciona peor.

Por qué importa para el ambiente

Esta es la parte que nos interesa de verdad, y donde la meliponicultura deja de ser un asunto de miel.

Polinizan lo que otras no. Las meliponini coevolucionaron con la flora de estos bosques durante millones de años. Muchas plantas nativas tienen flores pequeñas o con formas particulares que encajan con estas abejas y no con otras. Cuando desaparecen las meliponini de una zona, hay árboles que empiezan a producir menos fruto, y con menos fruto llegan menos aves y hay menos semillas que dispersar. Se cae una ficha y se mueven varias.

Trabajan cerca de casa. Como son pequeñas, vuelan distancias cortas, unos pocos cientos de metros alrededor del nido. Eso las hace muy eficientes en el fragmento donde viven y, al mismo tiempo, muy vulnerables, porque no pueden mudarse a buscar comida más lejos cuando el entorno se degrada.

No desplazan a nadie. Es un punto que se discute poco. La abeja europea, en densidades altas, puede competir por néctar y polen con las abejas nativas. Un meliponario suma polinizadores nativos al paisaje sin ese riesgo.

Y aquí está lo más importante. Las meliponini anidan en cavidades de árboles viejos. No en cualquier árbol, sino en los que llevan décadas y ya tienen huecos. Eso significa que quien quiera tener meliponini tiene que cuidar esos árboles, y de paso cuida todo lo que depende de ellos.

Es la misma historia que contamos con las aves, donde los árboles viejos con cavidades son de lo que más falta hace, y un árbol así tarda décadas en llegar a serlo.

Abeja meliponini posada sobre una flor de la reserva
Una meliponini trabajando. Vuela pocos cientos de metros alrededor del nido, así que todo lo que poliniza está muy cerca de su casa.

La meliponicultura como excusa para conservar

Nos gusta pensarla así, como un caballo de Troya bienintencionado.

Cuando una familia campesina monta un meliponario, empieza a pasar algo interesante. De repente le importa que haya floración todo el año, así que siembra más árboles. Le importa que no se fumigue cerca, porque los insecticidas matan a sus abejas. Le importa que no tumben el guadual ni el árbol viejo del lindero, porque de ahí salen las colonias nuevas. Le importa que la quebrada tenga vegetación.

Ninguna de esas decisiones se tomó pensando en conservar. Se tomaron por las abejas, y el efecto es el mismo.

Además cabe donde otras cosas no caben. Un meliponario no necesita hectáreas, no compite con el cultivo, no huele, no molesta a los vecinos y no requiere una inversión grande. Es de las pocas actividades que un predio muy pequeño puede sumar sin quitarle espacio a nada.

Lo que hacemos con las nuestras

En la reserva tenemos un meliponario y estamos desarrollando un santuario para estas abejas, con la idea de que sea también un lugar donde se pueda aprender.

Cocreamos con la FADP un proyecto de diseño de refugios para meliponini, y esos refugios hoy están en la reserva. Lo contamos en este artículo. Y nuestras abejas quedaron registradas en la guía de abejas meliponinas del Valle del Cauca, que salió con la Javeriana y la CVC, cosa que contamos aquí.

Si te interesa aprender el manejo, el curso de meliponicultura es completamente de manos en la colmena, precisamente porque estas abejas no pican. Se abren las cajas, se ven los potes y la cría, y se aprende a leer si la colonia está bien.

Cómo se empieza sin hacer daño

Mucha gente que quiere tener meliponini empieza buscando un nido en el bosque y sacándolo. Eso, aunque se haga con cuidado, es exactamente lo contrario de conservar. Se abre o se tumba un árbol viejo que tardó décadas en formar esa cavidad, se le quita al bosque una colonia que estaba polinizando ahí, y buena parte de las veces la colonia no sobrevive el traslado. El saqueo de nidos silvestres es una de las razones por las que estas abejas están en problemas.

La trashumancia tiene el mismo problema desde otro lado. Mover colonias de una región a otra saca especies de su territorio, las lleva a climas y floraciones para las que no están hechas, y puede repartir plagas y enfermedades entre poblaciones que estaban sanas.

La regla es sencilla. Las abejas no se van a buscar al bosque. Se espera a que ellas lleguen.

La forma correcta de empezar son las trampas. Es una caja vacía con un atrayente, que suele ser cerumen y propóleo de otras colonias, instalada en un buen sitio y dejada ahí. Cada tanto, una colonia sana enjambra por su cuenta y manda un grupo a buscar casa nueva. Si ese grupo encuentra la caja, se instala solo. Cuando la colonia ya está establecida, se pasa a la colmena definitiva.

Lo que hace que esto funcione tan bien es que aprovecha algo que las abejas iban a hacer de todos modos. La colonia madre se queda intacta en su árbol, no se abrió nada, y quien monta el meliponario termina con abejas de su propia zona, adaptadas a esa floración y a ese clima.

La otra forma legítima es la división de una colonia sana y bien desarrollada que uno ya tenga. Con el tiempo, un meliponario que empezó con una caja trampa se multiplica solo.

Si tienes finca, son una gran opción. Ocupan muy poco, no compiten con nada de lo que ya tengas y polinizan todo lo que crece alrededor.

Si no tienes finca, puedes empezar por el lado de las flores. Armamos una guía para sembrar un jardín de polinizadores según el clima de tu ciudad, que funciona igual en un balcón.

Conoce el meliponario

El curso de meliponicultura se hace con las manos en la colmena, sin traje y sin humo, en el meliponario de la reserva.

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